viernes, 8 de febrero de 2013

LEYENDAS


LOS QUE DESCUBRIERON EL MAÍZ


Cuentan que al principio, muy antiguamente, el maíz estaba en una montaña. Nadie lo había visto. El maíz que e nuestra madre, estaba en una montaña, en una gran caja de piedra. Ninguno lo había descubierto.

Fueron los pájaros, los cuervos que lo dieron conocer al hombre.

El cuervo es más negro que el zopilote.

Dicen que los cuervos y los pájaros sacaban maíz de ese cajón de piedra. Al sacarlo, lo dejaban tirado en el suelo.

Pero un día pasaron unos hombres por allí y vieron granos de maíz tirados en el suelo, entonces dijeron.

-Gracias a Dios, aquí hay maíz.

Cuando llegaron a esa caja de piedra donde estaba el maíz, pensaron que era necesario romper la piedra con balas, y así lo hicieron. Cuando la rompieron, se regó el maíz por todos los lados. Fueron a traer una escalera y subieron encima de la piedra. Miraron. Había maíz de diferentes colores.

El maíz se quemó por los balas, es el maíz negro ahora. Y el maíz que está por en medio, que no se quemó mucho, es el maíz amarillo. Y el maíz que está hasta atrás, que no se quemó, es el maíz blanco. Entonces los hombres recogieron el maíz, lo pusieron en costales y vinieron. Empezaron a sembrar maíz de diferentes colores. Y bajaron hasta la costa y ahí sembraron sólo el tamo del maíz.

De esta manera descubrieron el maíz. Antes no había maíz, dicen. La gente de antes, e lugar de maíz, comían la raíz de una yerba llamada bar. Y sufría al comer porque la tenían que arrancar con fuerza. Pero cuando descubrieron el maíz, entonces dejaron d comer la raíz de esa yerba.

LA VIRGEN SANTA CATALINA

A la Virgen Santa Catalina, cuentan nuestros antepasados, la fueron a traer de lejanas tierras. Tal vez a Roma. Quizás en Jerusalén. Dicen que viene de Alejandría. Fue sobre entablillados, sobre tablas la fueron a traer, pues atravesaron grandes aguas. La sentarían sobre el mismo, entablillado que dicen que sirvió para sostenerla. Eran los hombres de las tablas.

En tanto los Guarchak que dicen, son quienes daban ocotes a la virgen para alumbrar su camino. Eran los guías de ella, según lo narran ellos. Entonces los Iquiactap eran aquellas personas que se transformaron en cangrejos que sólo así pudieron cargar a la virgen.

Son las personas que se apellidaron Ixquiactap. Mientras que son los Sohom lavaron la ropa de la Virgen en su trayectoria. Fueron quienes tendieron esas ropas al sol. Estas personas son las que se apellidaron Sohom. Claro está que anduvieron bajo la Virgen Catalina. Se cansaron, por eso mismo tomaron un breve descanso.

-Compañeros,- dijo uno entre ellos,- es bueno que nos sirvamos nuestra comida.- juntaron fuego. Calentaron su comida. Pre-pararon el café. Sin embargo, lo que no tenían era comida.

–Compañeros, comeremos únicamente nuestros tamales o tortillas.

-Yo traigo unas pepitas de ayote doradas. –Dijo otro compañero de ellos. Entonces él se apellidó Saquil. Cuando terminaron de comer, se levantaron nuevamente ara continuar su camino. Pero seguramente ya habían planificado que la llevarían a espaldas por otro rato. Estaban dispuestos a cargarla de esa forma, cuando se dieron cuenta que no tenían lazo con que atarla.

-Hombres, compañeros míos, no se aflijan. Yo tengo mi faja de mudada, que la podemos usar como lazo. Este, desde entonces, llevo el apellido de Tepaz. Así se disponían a cargar a la Virgen. Sólo así se dieron cuenta que no tenían mecapal.

-Hombres, pero si no tenemos mecapal con que cargarla, observó otro del grupo.

-No se aflijan ni se preocupen. Yo tengo un secador de manos. Lo podemos usar como mecapal, dijo éste a sus demás compañeros. Desde entonces lleva el apellido Pacheco.

Esto es lo que decían nuestros antepasados. Ellos no tomaron sus apellidos al azar. Tienen un gran significado para ellos.

Porque todos estos hambres son los que se encargaron de ir a traer a la Virgen de Santa Catalina

LAS AVENTURAS DE UN CAZADOR


Cuentan que un hombre se fue a cazar a la orilla del mar. Era cazador. Buscaba carne. Estaba mirando, mirando… vio que había una piedra grande y se paró encima. Pensaba que era piedra, porque tenía musgo encima. Pero la piedra era un lagarto grande. Abrió su trompa y lo tragó. Ni lo mascó, de modo que no se lastimó al ser tragado.

Bajaba el lagarto al fondo del agua y cuándo subía, encima de él sentía calor, veía un poco de claridad, y cuando bajaba el lagarto en el agua, era todo obscuro.

Llegó el lagarto a la orilla del mar, al otro lado. Entonces Dios se acordó del hombre. El lagarto se fue a acostar e la orilla del mar. El hombre tenía una navaja en la bolsa de su pantalón. Metió la mano en la bolsa, sacó la navaja y le cortó el estómago al lagarto. Salió del animal y estaba muy alegre. Pero su cabeza estaba calva por estar mucho tiempo dentro del lagarto.

Estaba muy hambriento. ¡Vaya! Había milpas con elotes en aquel lugar. Las mazorcas estaban cargadas desde la tierra. Una hoja de milpa y una mazorca, una hoja de milpa y una mazorca. Estaban en filas. Había muchos elotes y le sirvieron de comida. Entonces habló a la gente de allá, y ellos le preguntaron:

-¿De dónde vienes, de dónde vienes?

-De otro mundo, del otro lado.

-Ah, ¿y no hay elotes con usted?

- Si hay.

Fueron a traer más elotes. El hombre los asó y ellos se quedaron viendo. Cuando ya estuvo asado uno, lo comió. Ellos se extrañaron:

-¡Ah! ¿Usted los sabe comer?

-Si, lo como.

-¿Y en dónde te sale?

-Hay un agujero. Tengo un agujero en el trasero.

-¿Y ese agujero te lo han abierto?

-Sí.

-¿Tú nos puedes hacer eso? También queremos comer los elotes como tú.

Porque nosotros sólo los olemos y después los tiramos. Nos gusta como tú los comes. Nos vas a perforar también.

-Está bien, - dijo- ¿Ustedes tienen un quiej? ¿Acaso no van ustedes a dar vuelta al otro lado?

-Sí, tenemos. Tenemos un quiej, tenemos u quiej para pasar allá.

-Entonces mejor me preparan mi quiej para ir a traer la medicina, la medicina para ustedes. Pero antes les voy a perforar.

-Está bien- dijeron.

Y ellos fueron a traer lanzas. El quiej ya estaba listo para llevarlo sobre el mar. Entonces se pusieron en fila. Eran muchos a los que lo hizo. Después se montó sobre el quiej y vino el quiej sobre las aguas. Los que no estaban heridos – porque los enfermos ya están gritando – llegaron a la orilla del agua:

-¡Regresa, regresa! – decían los sanos.

Pero el quiej no pudo escucharlos bien.

-¿Qué están diciendo? ¿Qué están diciendo? – dijo el quiej al hombre.

¡Apurémonos, apurémonos! Dicen que ya están por curarse. Apurémonos para que regresemos pronto. –dio el hombre al quiej.

-Está bien - dijo el Quiej, y siguió su camino. Pasó al otro lado, llegó a la orilla del agua y salió el hombre.

Dejó al quiej y solito emprendió el viaje a su pueblo. Pero se extravió, ya no encontraba el amino. Entró en un bosque y allí encontró un rancho. Dentro había lanzas, escopetas, machetes. Había comida, pan, había carnes en un cajón. Y como el estaba hambriento, lo comió. Había un gato de color negro que gritaba: - Miauuu… miauuuu.

-Ay gato, ahorita te voy a dar comida, te voy a dar pan, pero me vas a ayudar. No me morí allá pero seguro que me va a pasar algo aquí. – así le dijo el hombre al gato.

Sacó las tortillas y panes que había en el cajón los comió el hombre porque estaba hambriento. Los compartió con el gato. Cuando había terminado de comer, de repente vino el animal, el tigre. ¡Jesús! ¡Qué susto! Pero el gato,  quien había dado comida, se lanzó sobre la cara del tigre. Le sacó los ojos y el hombre le dio unos machetazos. Así lo mataron. Cayó el animal. Cuando amaneció, el tigre estaba tirado.

Entonces llegaron los vaqueros, los dueños de la finca. Vieron el animal tirado y vieron al hombre y se extrañaron de él.

-¿Qué le pasó al animal? ¿Usted lo mató?

-Sí, señores.

Entonces empezó a contar toda su verdad, lo que le había pasado. Se lo contó a los ladinos.

-Fui yo él que mató a ese animal. Primero se lanzó el gato, como yo le di de comer al gato. Discúlpenme por haber agarrado comida y pan. Comí tortillas y carne.

-No, no digas eso, nosotros traemos comida caliente. Si quieres comer, aquí tenemos. Tienes que estar una semana aquí, porque estos animales son una pareja. Tiene que venir el otro y lo matarás también. Es que siempre llevan nuestros caballitos, nuestras vaquitas, nuestros mozos. Nosotros te vamos a obsequiar algo si puedes matar a los dos. No tengas pena por tu comida – así le dijeron los ladinos.

Y así fue. Se quedó una semana y mató al otro tigre también. Mató a los dos animales allá en el bosque.

Cuentan que le dieron cuatro caballos de dinero, pero su cabeza ya estaba calva.

Los hijos que había dejado en su pueblo, están tristes porque pensaban que ya había muerto.

Esta es la historia que nos contaban.   

 

 

 

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