LOS QUE DESCUBRIERON EL MAÍZ
Cuentan
que al principio, muy antiguamente, el maíz estaba en una montaña. Nadie lo
había visto. El maíz que e nuestra madre, estaba en una montaña, en una gran
caja de piedra. Ninguno lo había descubierto.
Fueron
los pájaros, los cuervos que lo dieron conocer al hombre.
El
cuervo es más negro que el zopilote.
Dicen
que los cuervos y los pájaros sacaban maíz de ese cajón de piedra. Al sacarlo,
lo dejaban tirado en el suelo.
-Gracias
a Dios, aquí hay maíz.
Cuando
llegaron a esa caja de piedra donde estaba el maíz, pensaron que era necesario
romper la piedra con balas, y así lo hicieron. Cuando la rompieron, se regó el
maíz por todos los lados. Fueron a traer una escalera y subieron encima de la
piedra. Miraron. Había maíz de diferentes colores.
El
maíz se quemó por los balas, es el maíz negro ahora. Y el maíz que está por en
medio, que no se quemó mucho, es el maíz amarillo. Y el maíz que está hasta
atrás, que no se quemó, es el maíz blanco. Entonces los hombres recogieron el
maíz, lo pusieron en costales y vinieron. Empezaron a sembrar maíz de
diferentes colores. Y bajaron hasta la costa y ahí sembraron sólo el tamo del
maíz.
LA VIRGEN SANTA CATALINA
A la
Virgen Santa Catalina, cuentan nuestros antepasados, la fueron a traer de
lejanas tierras. Tal vez a Roma. Quizás en Jerusalén. Dicen que viene de
Alejandría. Fue sobre entablillados, sobre tablas la fueron a traer, pues
atravesaron grandes aguas. La sentarían sobre el mismo, entablillado que dicen
que sirvió para sostenerla. Eran los hombres de las tablas.
En
tanto los Guarchak que dicen, son quienes daban ocotes a la virgen para
alumbrar su camino. Eran los guías de ella, según lo narran ellos. Entonces los
Iquiactap eran aquellas personas que se transformaron en cangrejos que sólo así
pudieron cargar a la virgen.
Son
las personas que se apellidaron Ixquiactap. Mientras que son los Sohom lavaron
la ropa de la Virgen en su trayectoria. Fueron quienes tendieron esas ropas al
sol. Estas personas son las que se apellidaron Sohom. Claro está que anduvieron
bajo la Virgen Catalina. Se cansaron, por eso mismo tomaron un breve descanso.
-Compañeros,-
dijo uno entre ellos,- es bueno que nos sirvamos nuestra comida.- juntaron
fuego. Calentaron su comida. Pre-pararon el café. Sin embargo, lo que no tenían
era comida.
–Compañeros,
comeremos únicamente nuestros tamales o tortillas.
-Yo
traigo unas pepitas de ayote doradas. –Dijo otro compañero de ellos. Entonces
él se apellidó Saquil. Cuando terminaron de comer, se levantaron nuevamente ara
continuar su camino. Pero seguramente ya habían planificado que la llevarían a
espaldas por otro rato. Estaban dispuestos a cargarla de esa forma, cuando se
dieron cuenta que no tenían lazo con que atarla.
-Hombres,
compañeros míos, no se aflijan. Yo tengo mi faja de mudada, que la podemos usar
como lazo. Este, desde entonces, llevo el apellido de Tepaz. Así se disponían a
cargar a la Virgen. Sólo así se dieron cuenta que no tenían mecapal.
-Hombres,
pero si no tenemos mecapal con que cargarla, observó otro del grupo.
-No
se aflijan ni se preocupen. Yo tengo un secador de manos. Lo podemos usar como
mecapal, dijo éste a sus demás compañeros. Desde entonces lleva el apellido
Pacheco.
Esto
es lo que decían nuestros antepasados. Ellos no tomaron sus apellidos al azar.
Tienen un gran significado para ellos.
Porque
todos estos hambres son los que se encargaron de ir a traer a la Virgen de
Santa Catalina
LAS AVENTURAS DE UN CAZADOR
Cuentan
que un hombre se fue a cazar a la orilla del mar. Era cazador. Buscaba carne.
Estaba mirando, mirando… vio que había una piedra grande y se paró encima.
Pensaba que era piedra, porque tenía musgo encima. Pero la piedra era un
lagarto grande. Abrió su trompa y lo tragó. Ni lo mascó, de modo que no se
lastimó al ser tragado.
Llegó
el lagarto a la orilla del mar, al otro lado. Entonces Dios se acordó del
hombre. El lagarto se fue a acostar e la orilla del mar. El hombre tenía una
navaja en la bolsa de su pantalón. Metió la mano en la bolsa, sacó la navaja y
le cortó el estómago al lagarto. Salió del animal y estaba muy alegre. Pero su
cabeza estaba calva por estar mucho tiempo dentro del lagarto.
Estaba
muy hambriento. ¡Vaya! Había milpas con elotes en aquel lugar. Las mazorcas
estaban cargadas desde la tierra. Una hoja de milpa y una mazorca, una hoja de
milpa y una mazorca. Estaban en filas. Había muchos elotes y le sirvieron de
comida. Entonces habló a la gente de allá, y ellos le preguntaron:
-¿De
dónde vienes, de dónde vienes?
-De
otro mundo, del otro lado.
-Ah,
¿y no hay elotes con usted?
- Si
hay.
Fueron
a traer más elotes. El hombre los asó y ellos se quedaron viendo. Cuando ya
estuvo asado uno, lo comió. Ellos se extrañaron:
-¡Ah!
¿Usted los sabe comer?
-Si,
lo como.
-¿Y
en dónde te sale?
-Hay
un agujero. Tengo un agujero en el trasero.
-¿Y
ese agujero te lo han abierto?
-Sí.
-¿Tú
nos puedes hacer eso? También queremos comer los elotes como tú.
Porque
nosotros sólo los olemos y después los tiramos. Nos gusta como tú los comes.
Nos vas a perforar también.
-Está
bien, - dijo- ¿Ustedes tienen un quiej? ¿Acaso no van ustedes a dar vuelta al
otro lado?
-Sí,
tenemos. Tenemos un quiej, tenemos u quiej para pasar allá.
-Entonces
mejor me preparan mi quiej para ir a traer la medicina, la medicina para
ustedes. Pero antes les voy a perforar.
-Está
bien- dijeron.
Y
ellos fueron a traer lanzas. El quiej ya estaba listo para llevarlo sobre el
mar. Entonces se pusieron en fila. Eran muchos a los que lo hizo. Después se
montó sobre el quiej y vino el quiej sobre las aguas. Los que no estaban
heridos – porque los enfermos ya están gritando – llegaron a la orilla del
agua:
-¡Regresa,
regresa! – decían los sanos.
Pero
el quiej no pudo escucharlos bien.
-¿Qué
están diciendo? ¿Qué están diciendo? – dijo el quiej al hombre.
¡Apurémonos,
apurémonos! Dicen que ya están por curarse. Apurémonos para que regresemos
pronto. –dio el hombre al quiej.
-Está
bien - dijo el Quiej, y siguió su camino. Pasó al otro lado, llegó a la orilla
del agua y salió el hombre.
Dejó
al quiej y solito emprendió el viaje a su pueblo. Pero se extravió, ya no
encontraba el amino. Entró en un bosque y allí encontró un rancho. Dentro había
lanzas, escopetas, machetes. Había comida, pan, había carnes en un cajón. Y
como el estaba hambriento, lo comió. Había un gato de color negro que gritaba:
- Miauuu… miauuuu.
-Ay
gato, ahorita te voy a dar comida, te voy a dar pan, pero me vas a ayudar. No
me morí allá pero seguro que me va a pasar algo aquí. – así le dijo el hombre
al gato.
Entonces
llegaron los vaqueros, los dueños de la finca. Vieron el animal tirado y vieron
al hombre y se extrañaron de él.
-¿Qué
le pasó al animal? ¿Usted lo mató?
-Sí,
señores.
Entonces
empezó a contar toda su verdad, lo que le había pasado. Se lo contó a los
ladinos.
-Fui
yo él que mató a ese animal. Primero se lanzó el gato, como yo le di de comer
al gato. Discúlpenme por haber agarrado comida y pan. Comí tortillas y carne.
-No,
no digas eso, nosotros traemos comida caliente. Si quieres comer, aquí tenemos.
Tienes que estar una semana aquí, porque estos animales son una pareja. Tiene
que venir el otro y lo matarás también. Es que siempre llevan nuestros
caballitos, nuestras vaquitas, nuestros mozos. Nosotros te vamos a obsequiar
algo si puedes matar a los dos. No tengas pena por tu comida – así le dijeron
los ladinos.
Y
así fue. Se quedó una semana y mató al otro tigre también. Mató a los dos
animales allá en el bosque.
Cuentan
que le dieron cuatro caballos de dinero, pero su cabeza ya estaba calva.
Los
hijos que había dejado en su pueblo, están tristes porque pensaban que ya había
muerto.
Esta
es la historia que nos contaban.
Novedosa historia...
ResponderEliminarAgregue fotografias, estaria mas interesante su blog
ResponderEliminarbuen trabajo pero faltan fotos siga adelante
ResponderEliminarDale voz, si te sobra tiempo pero tranquilo................
ResponderEliminarÉchale ganas.
ResponderEliminarEstá bien el blog, una fotografía no estaría mal
ResponderEliminarBuen trabajo.
ResponderEliminarBuen trabajo.
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